17 dic. 2013

Límites y Educación


Llevo ya tiempo trabajando con grupos de padres y madres a través de distintos talleres educativos que, básicamente lo que pretenden es aportar herramientas y conocimientos útiles para facilitar su labor educativa diaria con esos pequeños (y a veces no tan pequeños) “seres” de los que son directamente responsables: sus hijos e hijas.


En estos talleres la idea está más centrada en “enseñar a pescar” que en “darle los peces” a estas familias, de manera que lo que se pretende es, y atención con la palabrita, “empoderar” a estas personas, de forma que en su día a día sean capaces autónomamente de responder a los diferentes conflictos y problemas que se les presentan en su quehacer educativo.

Ahora bien, si tal y como he dicho la intención es empoderar a estas familias, la idea que me ha quedado clara tras todo este tiempo es que debemos de partir de algo muy sencillo como base de todo el proceso, y en este caso ese “algo sencillo” no es otra cosa que intentar que sean capaces de entender qué son los limites educativos y por qué son importantes.

De esta forma, la intención de mi entrada de hoy en el blog no es otra que la de intentar clarificar estos aspectos de una forma sencilla y cercana, evitando en la medida de lo posible tecnicismos excesivamente pedagógicos y/o psicológicos.

Entonces... ¿Qué es un límite?


Así pues, comenzamos planteando que un límite según la Real Academia de la Lengua Española es “una línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios”; por lo tanto, llevándolo al terreno educativo, podríamos entender un límite como una línea que separa las conductas apropiadas de las inapropiadas y define lo que es correcto e incorrecto a nivel social. Para aclarar más el concepto, podemos poner como ejemplo las normas de tráfico, en concreto las prohibiciones que limitan la velocidad y mediante las cuales somos conscientes de la velocidad máxima a la que se puede circular en una determinada vía.

Centrándonos en aspectos más familiares, un ejemplo de límite sería cuando un padre le dice a su hijo de 15 años que debe regresar a casa a las 23:00, ni un minuto más tarde.
El límite en si no supone nada más ni nada menos que la información que necesitamos saber para poder orientar nuestra conducta, y es precisamente en este espacio en el que entra el concepto de consecuencia educativa, entendida como aquello que ocurre, bien porque se actúa dentro de los límites planteados, bien porque se sobrepasan.
Siguiendo con los ejemplos planteados, la consecuencia directa de no ir a la velocidad adecuada para una determinada vía sería su correspondiente sanción, desde la multa hasta la retirada del carnet e incluso la cárcel.
En lo referido a la hora de llegada de un adolescente a casa, en el caso de que este llegara tarde, las consecuencias podrían ir desde recortar el tiempo en la próxima salida, hasta el recorte de la hora de llegada de forma temporal o la posibilidad de perder el privilegio de salir la próxima vez.

Así pues, las consecuencias son la parte de acción que acompaña y complementa a los límites.


Y ¿por qué son importantes?


Llegados a este punto se muestra necesario hacer referencia a la importancia de los límites dentro de los procesos educativos, y para ello tal y como plantea Robert Mackenzie (un educador norteamericano experto en el tema) hay que tener en cuenta fundamentalmente 5 aspectos:
  • Los limites ayudan a los niños y niñas y adolescentes a investigar:


Los niños son investigadores; observan e imitan las conductas que observan, detectan y registran relaciones de causa-efecto, y se forman creencias sobre las normas basadas en los datos que recogen. De esta manera, gracias a los límites y sus consecuencias asociadas, se aportan los datos necesarios para que tanto los niños y niñas como los y las adolescentes puedan llegar a extraer las conclusiones correctas.



  • Definen el camino de las conductas aceptables:

Las normas deben ser como señales en un camino; si no están claras, es más probable que nos perdamos. De esta manera, cuanto más firmes y coherentes seamos con nuestros límites, más claro tendrán los niños y niñas y adolescentes el camino adecuado que deben seguir.
  • Definen las relaciones:

Los niños y niñas y adolescentes no saben cuánto poder y control tienen en sus relaciones con los adultos, descubren dónde se sitúan con respecto a los demás siguiendo adelante con lo que quieren hacer y observan el resultado.
Así pues, si su poder es excesivo, los niños desarrollan una visión exagerada de su influencia y autoridad. Como sus límites son difusos, tienden a cuestionarlos, lo que crea enfrentamientos y luchas de poder con los demás.
  • Son puntos de referencia sobre el grado de desarrollo:

Es decir, según se van respetando o no los límites que se plantean, podemos observar y recoger información sobre lo que los niños y niñas y adolescentes están preparados para hacer por sí mismos, demostrando así su grado de madurez y responsabilidad.
  • Aportan seguridad:

Los padres son las personas con las que los niños/as y adolescentes cuentan para que tomen decisiones en su lugar, para que los protejan y les guíen en la dirección correcta. Si los niños sienten que tienen más poder y control que sus padres, lo más probable es que se sientan inquietos; así pues, muchas veces desafían los límites para comprobar hasta dónde pueden llegar y medir la seguridad que sus padres les aportan.


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