12 dic. 2016

¿Toleras la frustración? ¿La tolera tu hij@?

Leí hace unos días acerca de una curiosa investigación llevada cabo hace unos años. Un estudio en el que se evaluaba la capacidad de los niños para tolerar la frustración. El estudio consistía, entre otras cosas, en pedirles que se pusieran un chocolate en la boca pero advertirles de que no debían morderlo. O hacerles elegir un juguete, entre una gran variedad de ellos, pero ordenarles que no lo tocaran para jugar con él. Se comprobó la hipótesis de que con los niños con alta resistencia a la frustración eran mentalmente más equilibrados, y que esto no acontecía tan sólo en su niñez, sino a lo largo de su vida. Estos niños también eran más agradables en compañía de otros niños y más abiertos a nuevas  experiencias.

Cuando supe de este estudio me planteé, tal y como tú acabas de hacer seguramente, ¿qué habría hecho yo de niña en esa situación?....y piénsalo… ¿no crees que tiene algo que ver con cómo hoy por hoy llevas como adult@ tus frustraciones?

Fundamentalmente tolerar la frustración nos permite disfrutar más de la vida, simplemente porque no nos permite invertir nuestro tiempo en amargarnos por las cosas que no funcionan.
Es una habilidad que, aunque se puede aprender en la edad adulta, se adquiere principalmente en la infancia.


Permitidme que os hable de otro estudio muy curioso también que garantiza que las personas nos topamos DIARIAMENTE con aproximadamente 23 frustraciones: las colas, las prisas, los jefes, los compañeros, la familia, las parejas, nosotros mismos, etc.…Eso supone que a lo largo de nuestra vida tendremos una media de unas 20000 adversidades!!!Dios mío cómo lo superaremos??...Tranquil@, la buena noticia es que prácticamente, ninguna de todas estas adversidades, es realmente importante, somos nosotros los que le damos relevancia a esa adversidades. ¿Sabes estas personas que se quejan por todo? A los que todo le parece mal, y además sienten la imperiosa necesidad de compartirlo con todo el resto de la humanidad. ¿Nacerían así? ¿Serían así de niños o niñas? ¿En qué momento se habrán convertido en personas tan cascarrabias? Seguramente, en el momento en el que empezaron a hacer de estas pequeñas adversidades, problemas a los que atender y prestar su tiempo cada día de su vida.
¿Qué pasaría si simplemente admitiéramos que esas adversidades forman parte de nuestra vida? que no nos podemos pelear con ellas porque estén cada día, sino aprender a aceptarlas lo antes posible para que no molesten tanto. Cuidado, no hablo de resignación, hablo de pequeñas adversidades.
Y qué pasaría si intentáramos darle la importancia real, simplemente porque “realmente” casi ninguna de estas adversidades es objetivamente relevante para que yo sea feliz.
Es más, qué pasaría si cada día pusiéramos más atención a todo lo que está bien, saludable o es bueno.



Puede que esta fuera la mejor forma de vivenciar y de enseñar a tolerar la frustración, no sólo para nosotros mismos sino para nuestros hijos. Ellos aprenden fundamentalmente con el juego así que:
  • Si hacemos que siempre gane para ahorrarnos rabietas, le esteramos enseñando que ganar es lo natural, ¿qué crees que pasará cuando pierda?
  • Si pedimos a los otros niños que le den las cosas para que él no llore, estamos enseñando que llorar es la manera de conseguir las cosas.
  • Si permitimos que se enfaden excesivamente y tengan reacciones agresivas por perder, seguramente acabe jugando sólo porque nadie le aguantará.
  • Si sólo les reforzamos cuando ganan, no les recordamos todo lo que han hecho bien aunque pierdan.

Tolerar la frustración es una de las cosas más valiosas que podemos enseñar a nuestros hijos, sé el ejemplo.




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