11 mar. 2014

Papi... me aburro???

Mira Irene, me levanto antes de las siete de la mañana, tengo que pelear con los niños desde por la mañana para que se levanten, se vistan, desayunen, se aseen y no se dejen nada por el camino... cuando por fin lo consigo, toca aguantar el tráfico, dejarlos por fin en el cole y llegar al trabajo (previamente a casi no encontrar aparcamiento), trabajar, comer rápido y salir corriendo a buscarlos (por suerte les han dado plaza en el comedor del cole, que si no, no sé cómo me lo montaría, la verdad...) volver por fin a casa y...

Empieza la mami o papi - taxi!!!


Llevar a uno al fútbol, al otro a gimnasia, luego a inglés y... al llegar a casa... la tarea!!!! Y luego la ducha, la cena y... con suerte jugar... ¿¿¿ jugar ????

Esta es la crónica típica de muchos de los padres y madres que vienen a las sesiones de orientación psicoeducativa, que intentan que sus hijos cumplan con todas esas actividades importantes que creemos que deben hacer para su mejor desarrollo.

Es decir, lo que vienen a decir es que los niños y niñas necesitan tiempo...
  • tiempo para estudiar (y además sacar buenas notas, claro),
  • tiempo para una actividad extraescolar (que potencie sus capacidades al máximo o bien los ayude a sacar fuera esa energía inagotable que tienen dentro),
  • tiempo para ayudar en casa (porque tienen que ser niños responsables),
  • tiempo para su aseo personal,
  • tiempo para jugar,
  • ...

En el ejemplo del principio, es verdad que los padres consiguen que los niños cumplan con todos los objetivos: estudian, se forman en una actividad no escolar, se asean, ayudan en casa y algunos días incluso juegan...

Pero mi pregunta, o más bien mis preguntas, son...

  • ¿Realmente es taaaaan importante que hagan tantas cosas a lo largo del día?
  • ¿El juego es realmente la actividad menos importante y a la que le debemos dejar "las sobras"?
  • ¿Qué valores les estamos transmitiendo en relación al tiempo libre (tiempo de ocio, tiempo de descanso, tiempo no estructurado, llámalo cómo quieras...)?
  • ¿Estamos enseñando a los niños a disfrutar de su tiempo y a ser responsables con él?
  • ¿Estamos permitiéndoles ser niños?

Siendo muy consciente de que el tiempo es oro y de que realmente como adultos "tenemos que" hacer mil cosas a lo largo del día, voy a hacer un llamamiento de auxilio, que no solo debemos escuchar para el bien de los niños, sino para el nuestro propio como adultos...

¡¡¡ a veces, el aburrimiento es bueno !!!


Y la pregunta lógica ante esto es: "si no tengo tiempo ni para mirarme en el espejo, cómo voy a aburrirme?? estás loca!!??"

Vale, para nosotros como adultos, con nuestras cosas importantes de adultos, y con nuestra agujita del reloj haciendo tic-tac todo el día, puede resultar una utopía (aunque no debemos renunciar a ello) pero... y para nuestros hijos?? Es también una utopía?? Así que lo primero que hay que preguntarse es:

¿Para qué sirve aburrirse?


Y si quires una respuesta directa y rápida te la doy: ¡¡para crear, aprender, desarrollarse!! (y mucho más!!!)


Lo que los niños hacen de forma natural es aprender y comerse el mundo!!! No hace falta que nadie les diga nada... ellos ya vienen programados para ello... y la forma más eficaz (y la que les sale sola) para aprender es:

experimentando 


con límites externos (tal y como comentó Juan Luis en su post), pero lo necesitan.

Más que ver las plantas en un libro, necesitan ver las plantas... más que tener a alguien que les guíe en una actividad social, necesitan socializarse... y más que ver sus dibujos de la tele, necesitan vivir experiencias...


Y para experimentar, nosotros como adultos, podemos (y debemos) facilitarles el camino, aportándoles:

tiempo y energía


Energía no les suele faltar, así que lo que debemos ofrecerle es algo de tiempo (tampoco hace falta que sean horas y horas, pero tal vez con una cada dos días les valga).

Lo importante es no "llenarles" el día solo con actividades estructuradas, o actividades en las que sea otro (un adulto además) el que les va marcando la pauta de lo que deben hacer y de cómo deben hacerlo.
En este tipo de actividades los niños aprenden muchísimo, claro, pero con actividades no estructuradas (solos o con otros niños) aprenden cosas tan valiosas para su vida (y su felicidad) como:
  • pensar por si mismos,
  • poner a prueba quiénes son o lo que les gusta y lo que no (faceta muy importante para su auto-descubrimiento y auto-estima),
  • fijarse en detalles del mundo externo que hasta ese momento no habían visto,
  • tomar la iniciativa,
  • decidir por sí mismos qué quieren hacer con su tiempo libre (algo que será muy valioso sobre todo de cara a la adolescencia, cuando posean mayor libertad de movimiento),
  • aprender de sus potencialidad, sus virtudes y sus limitaciones
  • ...

ganas de hacer cosas nuevas


En este caso la pregunta sería cómo conseguimos que el niño tenga ganas de aprender cosas nuevas, y para ello son importantes dos conceptos: el de imitación y el de seguridad.

Por un lado, si queremos que nuestro hijo sea curioso y que tenga ganas de aprender cosas nuevas, nosotros, los adultos de su alrededor, tenemos que serlo. Con esto no me refiero a que tengamos que ser enciclopedias andantes ni que tengamos que estar constantemente enseñándole cosas (habíamos quedado además en que teníamos que dejar que la curiosidad emergiera en el propio niño).
Podríamos intentar responder a sus preguntas con ganas y energía, sin mostrarles cansancio ante sus inquietudes (que a veces, realmente, son agotadoras), y sin tener miedo de decirles que no sabemos algo, pero que lo investigaremos (porque es así cómo se apnrenden las cosas)... Es decir, debemos contagiarles ciertas ganas de aprender y transmitirles esa motivación por el mundo, por los colores, por los olores, por los sonidos...

Por otro lado, sobre la seguridad (otra vez la seguridad y los límites en la educación)...
Para atrevernos a hacer cosas nuevas necesitamos que nos hayan enseñado y permitido enfrentarnos a lo desconocido, a la incertidumbre, a la frustración de no poder controlar todo lo que ocurre en el exterior. Además, necesitamos saber que si nos vamos a experimentarlas por el mundo, lo que dejamos atrás estará intacto cuando volvamos y que, si nos equivocamos en nuestra experiencia, no nos van a cuestionar...
Es decir, necesitamos sentirnos seguros, apreciados y valorados por los demás y SER seguros, apreciarnos y valorarnos a nosotros mismos.
A los niños les pasa igual, y aquí es donde intervienen sus personas de referencia y la coherencia que les brindan y volvemos sobre la idea de que lo que realmente necesitan... NECESITAN A SUS PADRES!!!
Más que natación, francés o esgrima, los niños necesitan esas figuras de referencia que les aportan incondicionalidad, seguridad, confianza en las relaciones y en sí mismos... es definitiva, un apego seguro que les llevará a un adecuado desarrollo en todos los aspectos de su vida... inlcuso en el aspecto escolar o extra-escolar, aunque esto no pase directamente por apuntarlos en clase solamente, sino en dedicarles tiempo o permitirles tiempo para experimentar...

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