28 oct. 2014

¿Nos planificamos?



 

“Si no cambiamos de rumbo, 

acabaremos en el lugar hacia el cual nos dirigimos”… 



Hace un par de días me encontraba teniendo una conversación sobre esta frase…una de esas frases que uno escucha alguna vez en su vida y que se queda dando vueltas, rondando por la mente, esperando a encontrar el momento adecuado para salir a relucir. Y es que últimamente no son pocas las personas con las que me he cruzado que estaban envueltas en una espiral de acontecimientos y acciones interminables y arrolladoras, muchas de ellas curiosamente sin sentido, pero ocupando plenamente su tiempo y llevándoles irremediablemente hacia un sitio en el que, a priori, no les apetece o quieren estar.

Pues bien, sin entrar en cuestiones psicológicas mucho más profundas, hoy me gustaría tomar este ejemplo para hablar de algo que a aquellas personas que nos dedicamos a la docencia, sea de la forma que sea, nos atañe de forma verdaderamente importante… y no es otra cosa que la capacidad de planificar, de programar… es decir de anunciar por escrito nuestros deseos e intenciones así como la forma que tenemos pensada para llegar a ellos. 
 

Y es que la planificación, aparte de ser el comienzo en el que se concretan las ideas, deseos e ilusiones de cara a una acción formativa, es una de las claves para que un proceso de enseñanza-aprendizaje se realice de la forma más adecuada y satisfactoria posible.

Así pues, podemos entender la planificación como un sistema de trabajo que nos permite saber con certeza lo que queremos conseguir y cómo vamos a lograrlo, de una forma sistemática y conscientemente organizada.

Entendemos que nuestro estilo de trabajo no es ir por libres .Tenemos que saber sin ambigüedades a dónde queremos llegar y cómo vamos a llegar; por ello hay que concretar un itinerario para reflexionar y actuar.



Resumiendo, planificar implica:

Prever un futuro deseado.
Reducir la incertidumbre y la improvisación.
Desarrollar un técnica o un instrumento útil, no un fin.
Puede ser utilizada con diferentes y variadas intenciones y en diferentes circunstancias.


Teniendo en cuenta esto, me gustaría dejar plasmado hoy una serie de principios que pueden sernos de utilidad a la hora de planificar o programar nuestras acciones docentes, de manera que esta sea:
  • Continua: es decir un proceso en constante revisión. 
  • Práctica: estando dirigida a la acción.
  • Realista: orientada al logro de objetivos alcanzables.
  • Coherente: donde cada elemento debe guardar coherencia con el resto. 
  • Participativa: permitiendo la implicación de las distintas personas participantes. 
  • Estructurada: Estableciendo un curso de acción escalonado y continuo. 
  • Flexible. Con capacidad para improvisar una respuesta de reacción inmediata.
  • Creativa: capaz de responder y proponer múltiples vías y soluciones.

Pues bien, teniendo como referente la frase con la que comenzábamos, parece tomar sentido el hecho de pararse, aunque sea un poquito en nuestra vorágine diaria, echar el freno de mano y, de forma tranquila y consciente, centrar nuestra atención en planificar coherente y equilibradamente cuáles deben ser los siguientes pasos que debemos dar para dirigirnos al lugar que, como docentes y personas, queremos llegar en el proceso de aprendizaje que tengamos ante nuestras manos.




De esta forma, no sólo facilitaremos la creación de acciones docentes de calidad, si no que disfrutaremos del proceso siendo y haciendo más felices a aquellos/as aprendices que compartan con nosotros esta parte del camino.





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