17 mar. 2015

EDUCAR CON INTELIGENCIA EMOCIONAL A MI HIJO/A. II PARTE





   En este artículo voy a retomar cómo relacionarme con mi hijo/a a través de la inteligencia intra e interpersonal, también llamada inteligencia emocional, a través del trabajo con las emociones, siguiendo a Norberto Levy. Hace unas semanas escribía sobre la importancia de educar a nuestros hijos e hijas teniendo en cuenta las diferentes inteligencias que hay (lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, corporal-cinestésica, intrapersonal e interpersonal). También hablaba de la condición de señal de las emociones y de la funcionalidad de las mismas. Haré un breve recuerdo de estas dos ideas que son fundamentales para abordar los estados de ánimo de los más pequeños de la casa y de los no tan pequeños.

  Las emociones no son ni buenas ni malas, ni positivas ni negativas, son una señal; las emociones son funcionales.
 ¿Para qué sirven? La emoción tiene una condición de señal que me indica que la situación que estoy viviendo me está afectando de alguna manera.
 ¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos en su gestión? Pues entendiendo la funcionalidad de la emoción por un lado y validando la emoción por otro, es decir, lo que sientes es válido, no lo puedes anular y además es importante que atiendas a lo que sientes porque te da información de lo que te está pasando, sin embargo, no todo los comportamientos que derivan de esta emoción son aceptables.

  Hoy voy a tratar la ENVIDIA; es una compleja emoción que nos hace sentir enfadados y rabiosos, y que tradicionalmente no ha sido bien considerada socialmente, por lo que cuando la siento procuro que no se note.

  Yo propongo enfocarla con otro punto de vista, entendiendo que cada una de las emociones aporta algún conocimiento sobre la persona. Te invito a permitirte experimentar que te pasa cuando sientes envidia y te invito a apoyar a tus hijos/as, cuando la sientan. También te propongo que no apoyes comportamientos destructivos derivados de la canalización inadecuada de esta emoción, enseña a tus hijos maneras más sanas de afrontarla.

  Cuando una persona siente envidia, lo primero que pasa es que aprecia un dolor intenso ante el contraste que recuerda los deseos insatisfechos. Si aprende a utilizar esta señal, puede descubrir la riqueza potencial de la envidia, ya que esta emoción indica lo que quiero, pues otra persona lo ha conseguido o al menos ha conseguido algo que me recuerda lo que yo deseo.

  Tradicionalmente, ante la envidia nos fijamos en la reacción de dolor y enfado que intenta destruir lo que el otro tiene cuando percibimos que esa otra persona ha alcanzado algo que deseamos y que no hemos logrado.

  Nosotros vamos a centrarnos en lo que quiere mostrarme esta emoción, más que en el impulso inicial que tenemos. Cuando ponemos el foco en el objetivo, vemos como el deseo es eliminar el contraste entre el otro y yo, ya que esto es lo que me causa dolor, no es eliminar lo que el otro ha conseguido.

¿Cuáles son las condiciones para que sentir envidia?

- Cuando experimento necesidades o deseos y percibo a alguien que ha realizado alguno de esos deseos.

- Cuando además creo que no dispongo ni dispondré de los recursos necesarios para lograr realizarlos.

- Cuando tampoco cuento con una cuota suficiente de deseos satisfechos y disfrutados como para equilibrar el dolor que me producen los no realizados.

  Por lo tanto, o la situación se equilibra a través de la realización de mis propios logros o lo equilibro eliminando la percepción de los logros del otro. Cuando elegimos esta segunda opción en realidad no estoy haciendo contacto conmigo y con la autoconfianza de poder conseguir lo que me propongo.

¿Qué función cumple la envidia? 

Es una señal que me pone en contacto con un deseo no satisfecho, que está adormecido y que despierta de manera abrupta cuando veo que el otro ha conseguido algo similar a lo que yo deseo.


  Ahora la siguiente pregunta es: ¿qué quiero hacer con esta nueva información que tengo, que hago cuando me doy cuenta de que deseo lo que otra persona ha conseguido?

  A continuación expongo unos pasos que pueden ayudar a trabajar con la envidia y acompañar a nuestros hijos/as a experimentarla sacándole el mayor beneficio.

- Es casi inevitable que la vida nos coloque repetidamente en situaciones en las que experimento un contraste muy doloroso. Cuando sientas envidia, ese dolor intenso, observa cuál es el deseo particular no satisfecho con el cual te has puesto en contacto abruptamente.

- Después de que el acontecimiento haya pasado, y como tarea personal de autodescubrimiento, te propongo que trates de descubrir que piensas acerca de por qué no has logrado realizar ese deseo en particular.

- Cuando descubras la opinión que tienes acerca de por qué no has logrado lo que deseas podrás reconocer lo importante que es esta opinión interior.

- Cuando puedas bucear en esta emoción, prueba a trabajar con tus hijos/as las veces que han sentido envidia, hacia quién y qué la han sentido y acompáñalos a descubrir que es lo que realmente han deseado y como podrían conseguirlo.

Por último, me gustaría hablar de la diferencia entre admirar y envidiar:

- Al admirar reconozco que el admirado tiene cualidades que me gustan y que deseo tener y se convierte en un modelo estimulante para mí.

- En la envidia el contraste me recuerda lo que no tengo y no soy, no hay camino de crecimiento. Se puede pasar de la envidia a la admiración cuando descubro mi deseo no logrado y los recursos que necesito desarrollar para poder realizarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario