8 abr. 2014

ESTILOS EDUCATIVOS


Ya hace unas cuantas semanas que empecé a hablar sobre el tema de los “limites educativos y la educación”, haciendo referencia a la importancia que el desarrollo de unas normas y la aplicación de las correspondientes consecuencias tiene en el favorecimiento, no solo de un clima familiar adecuado, sino de una base en la relación con cualquier persona con la que interactuemos.


Así pues a lo largo de esta entrada pretendo centrarme en un aspecto base y fundamental que tiene que ver con nuestra forma de relacionarnos con los niños/as y adolescentes de los que somos responsables: los diferentes estilos educativos o formas en las que nosotros educamos como adultos.
Si uno se fija en la literatura psicológica, pedagógica e incluso del mundo del marketing el comercio y las relaciones públicas, puede encontrar diversas formas de catalogar estos enfoques relacionales o educativos. Ahora bien, en este caso en concreto, me ha parecido mucho más interesante plantear los cuatro enfoques que a continuación se muestran, con la intención de que al menos tras leer estas líneas, podamos pararnos a valorar con cuál de ellos nos sentimos más identificado/a.

Yendo al grano,

los diferentes enfoques serían:


1. Estilo permisivo
2. Estilo autoritario
3. Estilo combinado
4. Estilo democrático

 

Estilo permisivo:


El primero de todos , el “Estilo permisivo” desde mi punto de vista es uno de los que más fuerza ha cogido a lo largo de los últimos años en nuestra sociedad, ya que se basa fundamentalmente en la creencia de que los niños/as colaboran cuando comprenden y están de acuerdo con lo que es correcto, otorgándoles todo el poder y responsabilidad en la relación, y basando la relación en la persuasión, es decir en llegar a convencer a nuestros hijos/as de que cambien la conducta inadecuada o de que continúen con aquella que consideramos positiva.




En la siguiente tabla se pueden ver las diferentes características de este enfoque, que finalmente, y a pesar de lo que se pueda creer a priori, lo que consigue es que los niño/as sean incapaces de resolver los problemas por si mismos/as.



 

Estilo autoritario:


El segundo enfoque, el “Estilo autoritario”, sería completamente opuesto al anterior y, a nivel social, mucho más arraigado hace un siglo que en la actualidad, lo que no quiere decir que no tenga lugar en nuestras casas o centros educativos ahora mismo.



Dicho enfoque se centra en el “sí porque lo digo yo y basta”, centrando el poder de la relación en los padres que adquieren la capacidad de resolver todos los problemas sin dejar libertad para que los hijos/as decidan, se equivoquen y aprendan. Es un enfoque basado en la imposición física y psicológica que no permite apenas flexibilidad en la relación y que finalmente acaba provocando miedo o confrontación directa, y en cualquiera de los casos rechazo.

De nuevo aprovecho para plasmar una tabla en la que se diferencian las características básicas de dicho enfoque y podemos ver como finalmente que, a pesar de todo, los niños/as son incapaces de aprender a resolver los conflictos por si mismos/as.




 

Enfoque combinado:


En tercer lugar vendría un enfoque que me parece particularmente interesante y que también me suelo encontrar a menudo en mi trabajo diario con las familias: el enfoque combinado. 



Tal y como su nombre indica, se trata de un enfoque en el que se mezclan los dos anteriores, comenzando normalmente siendo permisivos y aguantando estoicamente las conductas inadecuadas de nuestros hijos /as hasta que (bien por cansancio, por cumulo de situaciones o por la razón que sea) no podemos más y , literalmente, estallamos dando un cambio radical en nuestra actitud además de un golpe en la mesa, un grito o incluso un bofetón, pasando directamente a un enfoque totalmente autoritario y nada flexible.

 

Estilo democrático:


Por último he dejado el que considero más adecuado de todos, siempre y cuando entendamos bien lo que significa: el estilo democrático. 


Este estilo, al contrario de lo que muchas personas puedan creer, no se centra en la idea de que en una relación familiar todos somos iguales, sino más bien en el hecho de que todos tenemos derechos y responsabilidades, y cada uno debe cumplir con su papel para que la dinámica familiar funcione correctamente. De esta forma, viéndolo desde el punto de vista de los padres y madres, es un enfoque que se basa en escuchar a nuestros hijos/as, tenerles en cuenta y contar con sus inquietudes y necesidades, pero sin perder de vista que nosotros somos sus referentes educativos y en concreto somos los que tenemos la responsabilidad y la decisión última sobre las cosas que suceden en el entorno familiar.

Básicamente este enfoque lo que pretende es ofrecer libertad a nuestros hijos/as en la toma de decisiones y la resolución de conflictos o problemas, a la vez que plantea firmeza ante las conductas inadecuadas o poco apropiadas.

De nuevo en la siguiente figura se pueden ver resumidos los aspectos fundamentales de este enfoque.




Llegados a este punto y para terminar la entrada de esta semana, me gustaría matizar algo que puede que algunos/as ya tengan en la mente tras haber leído todo esto, y es el hecho de que, como en muchos otros aspectos de carácter social, psicológico o pedagógico, no existe un enfoque en estado puro sino más bien tendencias hacia uno u otro lado. Así pues, lo interesante de todo esto es que cada uno/a sea capaz de autoanalizarse a través de la observación para ver cuál es su tendencia actual, y desde mi punto de vista, hacer todo lo posible para conseguir que la mayor parte del tiempo el enfoque predominante en su vida sea el democrático, con todo el esfuerzo y los beneficios que esto conlleva.


Continuará… ;)

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