28 abr. 2015

CÓMO HACER QUE MI HIJO SEA FELIZ SIÉNDOLO YO TAMBIÉN.


Educar a mi hijo o a mi hija…, hercúlea tarea a la vez que preciosa. Entran en juego muchos aspectos, como son: 
  • Una carta de navegación acerca de cómo educar, de lo que quiero que mi hijo aprenda y el tipo de persona que quiero que sea. Se trata de las orientaciones que quiero seguir para su educación, mejor si está consensuada con el otro progenitor: los valores que quiero enseñarles, las normas y límites que deben tener para ser respetuosos, la manera que quiero mostrarles para relacionarse consigo mismo y con los demás.
  • El tiempo que tengo para ello. Esto entraña conjugar el tiempo que le dedico a mi hijo/a con el resto de actividades de mi vida, trabajo, pareja, amigos, hogar, etc.
  • Mi carácter y el estado de ánimo que tengo, que favorece o dificulta la relación que tenemos en el día a día, el carácter de mi hijo/a y la adaptación como pareja de ambos papás para coordinar dicha educación.
  • Otras situaciones que se van dando en la vida que también pueden favorecer o perjudicar en la educación de mi hijo/a o mis hijos/as, como por ejemplo un divorcio, la muerta de familiares significativos, mudanzas o traslados, enfermedades, etc. 



 Hay numerosos factores que influyen en las competencias parentales y marentales a la hora de educar y generalmente, cada familia, sea del tipo que sea, consigue aunar sus esfuerzos para conseguirlo. En este artículo haré un esbozo de factores interesantes para educar con felicidad para la familia:

- Buscar las actividades que nos satisfacen. Cada uno de nosotros sabemos que hay una actividad que nos relaja, que nos conecta con nosotros, y nuestros/as hijos/as también tienen actividades que les satisfacen. Se trata de ayudarles a encontrarla.

- Expresar los sentimientos. Esto es fundamental para que haya una buena convivencia y cada uno de los integrantes de la familia se sientan escuchados y tenidos en cuenta.

- Confiar en las capacidades de tus hijos/as y en sus ganas naturales de aprender. Aunque nos parezca increíble, los niños y niñas tienen toda su energía al servicio de aprender y de desarrollarse como personas saludables y bondadosas consigo mismo y con los demás.

- Mantener la calma: En el día a día de la educación de los/as hijos/as hay que reaccionar con rapidez y por ello es importante tener lo que yo llamo “la carta de navegación de la educación de mis hijos/as”. Teniendo esto claro, podemos orientarnos cada vez que entremos en la prisa y en la crispación. Asimismo, teniendo la dirección clara, cuando veo que esto no está saliendo como esperaba, puedo pararme y observar qué está pasando y cómo puedo reaccionar yo para poder seguir la ruta de mi carta de navegación.

- Establecer la base del orden: La palabra "primero" es esencial en la educación. "Antes de jugar en el salón, recoge primero los juguetes de tu cuarto". "Antes de salir, primero hay que ponerse los zapatos". Con este tipo de instrucciones ayudamos a nuestro hijo/a a organizar su vida diaria y a saber en qué orden hacer las tareas. Esta estructura organizativa no se fijará en la cabeza del niño/a hasta que tenga alrededor de 10-12 años, ya que la parte del cerebro que contiene funciones como planificar, organizar, tomar decisiones y fijar prioridades es la última que se desarrolla. Por eso, hasta entonces, no nos quedará más remedio que insistir y repetirles todos los días lo mismo.

- Tener conocimientos sobre las tareas que pueden hacer los niños y niñas en base a su edad y las que no pueden hacer. Esto nos ahorra mucho estrés y nos puede ayudar a entender las dificultades que muestran.

 Finalmente, aporto una idea que engloba la competencia de educar: los/as niños/as aprenden de cómo sus figuras de referencia (papá y mamá) se relacionan con ellos y de la observación de la relación que papá y mamá establecen con su pareja, con sus comunidad, con su trabajo..., en definitiva con todas las personas y entornos en los que se relacionan.

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